miércoles, abril 08, 2009

...o podría culpar al diablo


Todo tiempo pasado fué mejor, dice un famoso refrán, o máxima, o dicho, o como sea que se llame. Mentira digo yo. Mi pasado no fué mejor que mi presente ni mi presente mejor que mi pasado y para qué hablar de mi futuro, dejémoslo tranquilo.

Me arrepiento de varias cosas, de muchas cosas. En mi vida me he mandado muchas cagadas y aunque sé que sigo siendo un pendejo y que no tengo la edad suficiente como para decir con propiedad que en mi vida realmente me he mandado muchas cagadas, lo digo y no estoy ni ahí con nadie que me mire con ojos condescendientes o de sutil reproche. La he cagado pesado y no puedo culpar a nadie.

Que me criaron de un modo... basura; que la sociedad me hizo introvertido... mierda; que soy un producto de las circunstancias que han rodeado mi existencia... excusas nada más. Patrañas inventadas por mí mismo para autoconvencerme de que muchas veces no he podido hacer nada para evitar ciertos sucesos, siendo que el único responsable de que mi vida tomara ciertos caminos y no otros soy yo. Aquello con lo que más me lleno la boca hablando, aquello que digo defender con más fuerza es aquello a lo que más le temo. Libertad, horrible libertad.

Estoy atorado, hace años que estoy atorado, es hora de terminar con esto. Cuando supe que mi vieja se iba a morir en el fondo de mi ser me alegré. Pensé "conchesumadre", obviamente, pero mi interior no podía evitar que una frase se formara detrás de todo lo que sentí: "igual bacán". Se va a morir mi vieja, me van a prestar atención, igual bacán; mi vieja tiene cáncer fulminante, se van a compadecer de mí, igual bacán; va a haber un funeral y yo voy a estar sentado frente al ataúd que lentamente bajará hasta reposar a dos metros bajo tierra en el centro del escenario que es el cementerio, todos pendientes de mi reacción... bien conchesumadre; la mina que me gusta va a sentir pena, quizás hasta lástima y me va a querer consolar, quizás algo más incluso, la zorra.

No me arrepiento de haber pensado lo que pensé, me arrepiento del acto de pensar en sí. Me arrepiento de acordarme de mi cerebro y olvidarme de mi corazón, me arrepiento de pasarme los sentimientos por la raja, de ni siquiera acordarme de ellos. Mi vieja se va a morir y va a pasar esto y esto otro, van a ir tales weones al funeral y tengo que preocuparme de comportarme de tal modo. Tengo que llevar el ataúd, porque soy su hijo, tengo que hacer fuerza, no vaya a ser que me caiga y haga el ridículo. Tengo que guardar la compostura, tengo que parecer fuerte. Tengo que mantener la templanza.

Qué manera de reprimirme... yo, siempre quejándome de los que reprimen y soy quien más cadenas pongo alrededor mío. Me encantan, es hora de admitirlo, me encantan porque me separan del resto, me hacen diferente, especial.

Recuerdo la última vez que vi a mi vieja consciente. Eran las tres de la tarde, la habían operado hace una semana y estaba en recuperación en la clínica Tabancura. Era una pieza grande y blanca, estabamos con mi hermana, los tres solos y un televisor prendido al fondo. Apenas llegué quería irme, no porque no quisiera estar con mi vieja. Quería llegar a mi casa a jugar PC. Puse mi mejor cara de aburrimiento y mi mejor expresión de "estoy apestado". Estuve 20 minutos y dije que me quería ir. Mi hermana con su típica mirada de reprobación me fulminó, mi vieja se rió y con voz comprensiva le dijo "deja que se vaya, si está aburrido", "la zorra", pensé. Le dí el beso de despedida de rigor y mientras salía por la puerta supe que estaba sonriéndome.

La próxima vez que la ví en un estado de semiconciencia fueron 4 días antes de su muerte, estaba de nuevo con mi hermana y ahora con mi viejo. Ella abrió los ojos y nos vió a los tres, mi viejo le acarició el pelo y ahí supe que ella lo comprendía todo. Nunca antes y nunca después he vuelto a ver esa expresión en alguna otra parte. No hay palabras para describir cómo alguien, a través de una mueca, sabe que no le quedan esperanzas, ninguna en absoluto. No hay. El miedo, el miedo de verdad en sus ojos. Y yo pensando que me tratarían de forma especial de ahora en adelante.

Me arrepiento, la cagué, no dañé a nadie, lo sé, pero soy culpable. Me deberían fusilar por conchesumadre. Me arrepiento pero no tengo el perdón, no lo merezco, porque aún no ha cesado la contumacia. Me sigo reprimiendo. Sigo siendo esclavo de mí mismo. Si estoy escribiendo esto ahora es porque acabo de leer algo así como las primeras cinco entradas de este blog y me doy cuenta que no he cambiado en nada, que sigo igual. Quizás ahora mi forma de escribir es mas densa, quizás en aquella época era más ingenuo, pero en esencia soy el mismo weón.

Felipe Miranda, lleno de sentimientos y emociones pero todas tras murallas. Lleno de cicatrices y heridas que luzco como trofeos, como excusas para seguir siendo un weón hostil únicamente porque así me coloco en una posición superior al resto. Una mierda de ser humano sin Dios ni fín. 

La única esperanza que me queda es creer que aún me queda una esperanza, y lo creo.

5 comentarios:

Pitcher dijo...

dos exprexiones:
a) O_O (por lo ke acabo de leer!)

b) ¬¬ (por lo ke leí en facebook)

Jane dijo...

Lo lei...

Jane dijo...

creo... que hace años lo leimos todos...

Yoel Morales dijo...

oye como te enteraste de mi sitio??

mentesfritas.blogspot.com

saludos

claudita dijo...

... no se si mi opinion importe mucho .. pero me alegro que seas capaz de reflexionar sobre tu vida y mostrarlo... eso me lleva a pensar muchas cosas mas de mi misma y de ti ... ke riko conocerte ... eso besitos